arte indígena colombiano

Durante siglos, las Américas han sido habitadas por personas que aprendieron a comprender verdaderamente el territorio y la naturaleza, y a vivir en armonía con ellos. Hoy celebramos y honramos ese entendimiento ancestral. Con la exposición «CO-RELACIÓN: El arte de la unidad», el Centro Cultural del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presenta una serie de artistas contemporáneos de Colombia, sede de la Reunión Anual de las Asambleas de Gobernadores del BID y de la CII 2020. Desde una variedad de perspectivas, técnicas y materiales, los artistas evocan temas y épocas que tienden un puente entre las realidades de los pueblos indígenas que habitan hoy en Colombia.

Estos grupos constituyen una de las grandes riquezas que Colombia ofrece al mundo. Al habitar cerca del 30 por ciento del territorio colombiano, su variedad y vastedad los hacen únicos. De los 522 pueblos indígenas que existen hoy en América Latina, 103 viven en Colombia. De ellos, 65 están en peligro de extinción. Sus lenguas y conocimientos culturales también están en peligro.

Esta exposición reúne a artistas colombianos contemporáneos de diversos territorios y paisajes, ciudades, pueblos, comunidades ribereñas del Amazonas y otras zonas rurales y urbanas andinas. Algunos representan a los pueblos originarios y otros trabajan con ellos, coexistiendo en una apuesta curatorial por resaltar la comunicación entre estos mundos como un acto de unidad para incrementar las experiencias interculturales y enriquecer el mundo a través del entendimiento.

pinturas de artistas colombianos

El arte colombiano tiene 3.500 años de historia y abarca una amplia gama de medios y estilos que van desde la pintura devocional barroca española hasta la artesanía en oro quimbaya y el «americanismo lírico» del pintor Alejandro Obregón (1920-1992). Quizá el artista colombiano más aclamado internacionalmente sea el pintor y escultor Fernando Botero (1932)[1].

La cultura Piartal (750-1250 d.C.) en la región montañosa de la frontera entre Colombia y Ecuador produjo métodos únicos de producción de cerámica, así como patrones inspirados en la piel de animales o serpientes. Se crearon vasijas para su uso en el entierro secundario, o la práctica de dejar que la carne se descomponga y luego volver a enterrar los huesos. Estas vasijas también se utilizaban para guardar las reliquias y las joyas del difunto[5].

Los primeros ejemplos de artesanía en oro se atribuyen al pueblo Tumaco de la costa del Pacífico y datan de alrededor del año 325 a.C. El oro desempeñaría un papel fundamental a la hora de atraer a los españoles a la zona que ahora se llama Colombia durante el siglo XVI (véase: El Dorado).

historia del arte colombiano

El arte colombiano tiene 3.500 años de historia y abarca una amplia gama de medios y estilos que van desde la pintura devocional barroca española hasta la artesanía en oro quimbaya y el «americanismo lírico» del pintor Alejandro Obregón (1920-1992). Quizá el artista colombiano más aclamado internacionalmente sea el pintor y escultor Fernando Botero (1932)[1].

La cultura Piartal (750-1250 d.C.) en la región montañosa de la frontera entre Colombia y Ecuador produjo métodos únicos de producción de cerámica, así como patrones inspirados en la piel de animales o serpientes. Se crearon vasijas para su uso en el entierro secundario, o la práctica de dejar que la carne se descomponga y luego volver a enterrar los huesos. Estas vasijas también se utilizaban para guardar las reliquias y las joyas del difunto[5].

Los primeros ejemplos de artesanía en oro se atribuyen al pueblo Tumaco de la costa del Pacífico y datan de alrededor del año 325 a.C. El oro desempeñaría un papel fundamental a la hora de atraer a los españoles a la zona que ahora se llama Colombia durante el siglo XVI (véase: El Dorado).

artistas colombianos pintores

En octubre de 1940, Jorge Eliécer Gaitán, Ministro de Educación de Colombia, y Eduardo Santos, Presidente de Colombia, inauguraron la primera exposición anual de artistas colombianos, en la Biblioteca Nacional de Bogotá.

En el discurso de apertura, Gaitán mencionó dos importantes funciones que tendría el recién nacido evento. La primera, servir de lugar donde el público pudiera «decidir, en última instancia, si existe o no un arte nacional». La segunda, ser un centro que capacitara a los artistas para «juzgar y valorar el arte de los demás, con una imparcialidad cristalina y sin prejuicios de escuelas o tendencias.»

El Salón se concibió así como un espacio dual en el que las obras serían una especie de bisagra. Harían reflexionar al público sobre la existencia o no de un arte auténticamente colombiano, y estimularían a los propios artistas a juzgar la calidad del arte con mayor rigor.

El Salón Anual consolidó dos intentos anteriores de montar una exposición que mostrara toda la gama del arte colombiano. El primero fue una única exposición nacional celebrada en 1886 y el segundo, el Salón de Artistas Colombianos, celebrado en 1931, expuso 155 obras de 73 artistas, entre ellos 16 mujeres. «Los jurados eran poetas, embajadores y políticos», señala la reconocida artista colombiana Beatriz González. «Pocos sabían de arte. En aquella época prevalecía la pintura». Jaime Cerón, director de la Sección de Artes Visuales del Ministerio de Cultura, señala que el Salón mostraba «un mundo pequeño en el que sólo se exponían las obras de los artistas locales», aunque era consciente de la necesidad de crear un arte con el que se identificaran los artistas de todo el país.

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